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Del reino animal en Cuba

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Cada vez me vuelvo más sensible. Cada vez protejo más a los animalitos. Exceptuando a las cucarachas. Una de las razones menores, por cierto, por las que me fui de Cuba –la cucarachería–, pero una de las razones al fin y al cabo. Cómo había cucarachas en ese enconado país, y cómo encontraban resquicios para aparecer. Me he preguntado qué me molesta tanto de esos insectos y me he respondido que su agresiva promiscuidad. Las cucarachas son totalitarias. Te invaden en masa por tierra, mar y aire, porque las hay hasta voladoras, con un fervor que roza la insolencia. Como si no creyeran en nadie. Son el hombre nuevo del reino animal.

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La gallina surgió en varios lugares al mismo tiempo menos en Cuba (digo «lugares» porque cuando surgió la gallina aún no habían surgido los países). En cualquier caso, nadie nunca ha podido probar que las gallinas sean también endémicas de Cuba. Y efectivamente, no lo son. Las gallinas son extranjeras en Cuba. En cambio, el tocororo es un ave endémica de Cuba. Solo existe en Cuba. Pero el tocororo no pone huevos fritos como las gallinas, ni pasados por agua, ni se cría ni se envasa ni se come. De hecho, aunque se comiera, nadie podría comérselo porque nadie nunca ha podido industrializar a un tocororo. Es decir, el tocororo resulta inservible, irrelevante, insustancial. Muy vistoso, muy simbólico, pero absolutamente improductivo. Así, este animalito constituye una metáfora del alarde, esa cosa tan cubana, tan reguetonera. Un reguero de colores. Una existencia postalita. Un despiste de la naturaleza abocado a llamar la atención, a figurar. Y ese, precisamente, es el elemento más auténticamente endémico de la «cubanidad»: La figuración

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Volviendo sobre la arrogancia, el alarde, la figuración, etc., hay que reconocer que la mayoría de los reguetoneros ha mimetizado como nadie estos «valores», ajustándolos a su «lírica» (como jocosamente se refiere Anthony J. González a las letras de sus canciones). Pocas tribus tan alardosas como la cubana en este hemisferio –tal vez solo la argentina se le compara en este apartado–, y el reguetonero lo asume, como revela el estribillo de Gente de Zona:

«A quién van a matar
o van a eliminar
si ya está demostrado
que yo soy el animal».

Aunque finalmente, oficialmente, el animal entró por el aro continuista. Porque en el circo del castrismo está demostrado que las fieras obedecen a su domador.

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Armando Añel
Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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