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El biocentrismo: Más allá de la muerte

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Según el Biocentrismo, basado en la teoría del doctor Robert Lanza, la vida y la muerte tal como las conocemos son una ilusión creada por la mente. Nada de lo que percibimos es real ya que nuestro cerebro capta las imágenes del exterior, o sea, los fotones de luz que transmiten su carga de bits de fuerzas electromagnéticas que observa primero la retina y se canalizan a través de cables muy resistentes dentro del cerebro, hasta que la percepción real de las imágenes ocurre físicamente en la parte posterior del propio cerebro, aumentada por varias secciones internas del mismo que son tan vastas y laberínticas como la Vía Láctea.

El mundo exterior está localizado dentro de nuestra mente. Todo lo que vemos está fuera de nosotros: ahora mira un vaso de leche y pide que te lo pasen; el vaso continua ahí pero, no nos equivoquemos, su imagen solo existe dentro de nuestro cerebro: es el único lugar donde lo visual se percibe y conoce.

Algunos piensan que hay dos mundos, uno fuera y otro dentro de la cognición, separado dentro del cráneo, pero esa idea es un mito. Solo percibimos las percepciones en sí mismas, no existe nada fuera de la conciencia. Solo existe una realidad visual, y está justo ahí.

El mundo exterior está localizado dentro de la mente. ¿Qué ocurre con una persona ciega de nacimiento? Si las cosas no están afuera, ¿cómo las podemos tocar? Nada cambia la realidad, el tacto tiene lugar también dentro de la conciencia o de la mente.

El hecho de que seamos reacios a aceptar esta realidad ocurre porque sus implicaciones echan por tierra, como un castillo de naipes, la concepción del mundo en la que hemos creído toda la vida.

Si eso que está delante de nosotros es conciencia, es posible que todo cambie: de la naturaleza de un universo frío e inerte a cuestiones tales como la relación que existe entre tu conciencia y la mía, entre los animales y nosotros.

La unidad global de la conciencia es difícil de demostrar y es fundamentalmente incompatible con una lengua dualista que añade el obstáculo de ser captada sirviéndose únicamente de la lógica. El lenguaje mismo se creó para funcionar por medio de símbolos.

Absolutamente todo lo que pertenece al ámbito de los símbolos empezó a existir en un cierto momento y un día morirá, mientras que la conciencia, al igual que ciertos aspectos de la teoría cuántica en los que intervienen partículas entrelazadas, puede existir enteramente fuera del tiempo.

Según la teoría del Biocentrismo la vida crea el universo y no al revés, por lo que el espacio y el tiempo no existen en la forma lineal que pensamos. El experimento de la doble ranura demostraría que el espacio y el tiempo no son lineales, entonces la muerte tampoco puede existir en ningún sentido real.

En el experimento de la doble ranura, cuando los científicos miran una partícula esta pasa a través de dos ranuras en una barrera. La partícula se comporta como una bala y pasa a través de una ranura o de la otra. Sin embargo, si los científicos no observan las partículas, estas se comportan como una onda. Esto significa que pueden pasar a través de ambas rendijas al mismo tiempo.

Esto demostraría que la materia y la energía pueden mostrar características tanto de ondas como de partículas, y que el comportamiento de las partículas cambia basado en la percepción y la conciencia de una persona.

La mayoría de los científicos probablemente diría que el concepto de la otra vida es una tontería, o por lo menos no puede probarse. Sin embargo, este experto afirma que tiene pruebas suficientes para confirmar una existencia más allá de la tumba. Estas se encuentran en la física cuántica. Según el profesor Robert Lanza:

“Creemos que la vida es solo actividad de carbono y una mezcla de moléculas, que vivimos un tiempo y después nos descomponemos en el suelo; como seres humanos creemos en la muerte, porque se nos ha enseñado que morimos o, más específicamente, nuestra conciencia asocia la vida con cuerpos, y conocemos la muerte del cuerpo. Sin embargo, la muerte no puede ser tan terminal como creemos que es”.

El biocentrismo es clasificado como la teoría del todo y proviene de la palabra griega centro de vida. Según ella la vida y la biología son centrales a la realidad. Como ya hemos dicho, la vida crea el universo, y no al revés. Esto sugiere que la conciencia de una persona determina la forma y el tamaño de los objetos en el universo.

Una vez que esta teoría, según la cual el espacio y el tiempo son construcciones mentales, es aceptada, la idea de la inmortalidad refulge en un mundo sin fronteras espaciales o lineales.

En resumen, el espacio y el tiempo son “meros instrumentos de nuestra mente”. En pocas palabras: Lo que se ve no puede estar presente sin tu conciencia.

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