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El ciudadano digital en la Sociedad del Disparate

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A grandes rasgos, la Sociedad del Disparate puede definirse como un fenómeno del tercer milenio, cuando la democratización de la exposición a través del desarrollo tecnológico –en las redes sociales sobre todo— visibiliza como nunca antes la debilidad del Ego.

A continuación algunos elementos que caracterizan, a mi entender, esta Sociedad del Disparate exiguamente denominada por el escritor peruano Mario Vargas Llosa “Civilización del Espectáculo”. Y es que la necesidad de exposición del Ego dependiente, y la democratización y abaratamiento de los vehículos tecnológicos que posibilitan esta exposición (Internet, iPhones, redes sociales), permiten que el ciudadano digital del siglo XXI no tenga que elaborar, o invertir en, un espectáculo de fondo para sobresalir o hacerse visible de cara al colectivo. El disparate predomina claramente sobre el espectáculo y hasta pretende hacerse pasar por espectáculo; de hecho, anda afianzándose cada vez más, socioculturalmente, como sinónimo de espectáculo. El disparatado digital ya no tiene que pertenecer a la redacción de un periódico o ser un «artista famoso» o tener contactos institucionales, etc., para «darse a conocer» –esa cómica manera de definirlo–, ahora dispone de innumerables canales de autopromoción vía Internet y nuevas tecnologías. Abarrotarlos de disparates, razona –o intuye–, constituye una buena estrategia para llamar la atención. Así:

1- En la Sociedad del Disparate lo importante no es la naturaleza de lo que se expone, sino la necesidad de exponerse

2- En la Sociedad del Disparate las normas de conducta se ajustan a la necesidad de exposición y no a la inversa

3- Como consecuencia de ello, en la Sociedad del Disparate conceptos tradicionalmente positivos como “ética”, “elegancia”, “discreción” e incluso “educación” ceden protagonismo ante otros tradicionalmente negativos como “escándalo”, “morbo”, “exhibicionismo” o “desfachatez”

4- En la Sociedad del Disparate conceptos como “ética”, “verdad” o “educación” obstaculizan la Política de la Exhibición a la que aspira el ciudadano digital, consciente de que por primera vez en la Historia la democratización de la exposición vuelve paulatinamente obsoleto el ascendiente profesional de sus representantes tradicionales. Por tanto, dichos conceptos son marginados, ridiculizados o relativizados. Es lo que ha posibilitado, entre otros fenómenos, la entronización cultural de la denominada «posverdad»

5- En la Sociedad del Disparate la política tradicional o profesional, tendiente a los pactos y las negociaciones, es paulatinamente desplazada por la política del disparate, caracterizada por los golpes de efecto o la retórica escandalosa del populismo digital

Por supuesto, en este artículo generalizo con el objetivo de facilitar la comprensión del mensaje. La Sociedad del Disparate no es ni mucho menos homogénea o excluyente, en ella confluyen elementos y comportamientos mixtos, incluso diferenciados. Pero indiscutiblemente el disparate acrecienta su influencia y tiende a preponderar.

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