Inicio Música El gran funámbulo

El gran funámbulo

148
0
Pedro Luis Ferrer en el programa de Youtube 'Somos Miami'

Sin amplio despliegue mediático (apenas el mínimo de lo que merece), y, claro, sin el revuelo de chunchullos y cursilerías que se les concede en los medios a los reguetoneros, aunque, eso sí, dejando, como siempre, su marca de exclusividad artística, ha vuelto a pasar por Miami Pedro Luis Ferrer, grande entre los grandes de la música popular cubana.

Quizás la ocasión sea propicia para insistir en cierta característica personal que distingue a este paisano y lo muestra como una rareza ejemplar dentro del chato mundillo de los artistas e intelectuales cubanos que viven en la Isla, aunque no solamente.

Durante largo tiempo, y a su campechana manera, Pedro Luis Ferrer desafió con destreza y dignidad de gran funámbulo la dicotomía que desde hace varias décadas gravita sobre sus colegas: vivir en el exilio o en la Isla, ser un emigrante económico o resignarse a una absurda lealtad al suelo patrio, convertido en víctima o en cómplice de la dictadura. Él había optado por quedarse en su país con estatus de emigrante eventual, e incluso hoy, cuando ya vive entre España y La Habana, no renuncia a ese estatus, que bien puede ser criticado por muchos (para gustos, colores) pero que hasta los críticos más radicales tendrían que admitir que en su caso particular va presidido por tres virtudes a prueba de cañonazos: 1) Pedro Luis no apeló nunca, no apela a subterfugios pícaros ni a falsas retóricas patrioteras para argumentar su situación. 2) No se ha congraciado ni mínimamente con el régimen. 3) Aun cuando al parecer no le interesa la política, tampoco finge ser apolítico sólo por mantenerse a salvo de sospechas inquisitoriales.

Dijo y repitió públicamente que se consideraba un emigrante eventual, porque aunque residía en la Isla, no le resultaba posible ganar allí el dinero que necesitaba para subsistir como persona y como artista. De la misma forma tuvo a bien deslindarse de ciertos fallutos que alegan no haberse instalado en el exterior porque no podrían crear lejos de la patria.

Cubano de pura cepa donde los haya, Pedro Luis ha dicho además que no se siente comprometido ni siquiera estéticamente con la identidad nacional. Se niega a reconocer la cubanía como virtud que debe destacarnos, puesto que ser cubano –dice- no es más que un accidente, agravado, para colmo, por la excesiva manipulación del entusiasmo nacionalista.

Sin embargo, en la historia de nuestra música popular de los últimos tiempos será difícil encontrar otro caso como el de este compositor e intérprete, capaz de sintetizar en forma tan ingeniosa las esencias de lo cubano. Partiendo de reconocibles raíces montunas, Pedro Luis ha logrado absorber los ritmos de su entorno citadino, habanero, con eficacia tal que hoy por hoy alinea entre los compositores nacionales más versátiles. Su talento y su gracia para abordar casi todos los géneros; esa certera puntería para imprimir un particular tono burlón a los temas más serios, poniendo siempre el dedo en la llaga; y además esa vocación contestataria, que en él es como debe ser, contra todas las banderas, acreditan su tremenda importancia no sólo dentro de la música sino de la cultura popular cubana. Aunque tal importancia aún no haya sido debidamente calibrada. 

Luego, por si fuera poco, ha soportado durante demasiados años la prohibición casi total de su obra en los medios difusores de Cuba, impertérrito, sin amargarse, sin pedir ni dar tregua.

Es notable que a lo largo de todo ese período él siguiera escribiendo canciones, cada vez mejores, más maduras e irreverentes, bien fuese para cantarlas en la ducha o ante pequeños auditorios de seguidores. Y todavía más que notable, es revelador que tan absurdo ensañamiento del poder político no haya conseguido impedir que conservase y hasta aumentara su popularidad con el paso de los años, ni que entre su legión de admiradores sea posible encontrar hoy a un público muy heterogéneo, desde adolescentes hasta sexagenarios, desde simpatizantes del régimen hasta sus enemigos acérrimos.

Un muy rápido repaso sobre algunas piezas suyas, que suman cientos, basta para identificar géneros tan distantes en apariencia como el son y la rumba, o la trova tradicional y el sucucu, o la canción y la guaracha. Así, pues, Pedro Luis Ferrer no únicamente nos extiende una singular lección de ética y de apego al legado de nuestros ancestros. También es un raro ejemplo de consagración artística contra mal tiempo y ventolera.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí