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El pensamiento es memoria, la sabiduría, inteligencia

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¿Cuándo piensa uno? Obviamente, el pensamiento es el resultado de una respuesta, neurológica o psicológica. Es la respuesta inmediata de los sentidos a una percepción, o a la memoria acumulada. Es decir, existe la respuesta inmediata de los nervios a una sensación, y está la respuesta de la memoria almacenada, la influencia del grupo, de la familia, de la tradición y demás, a todo lo cual llamamos “pensamiento”. De modo que el proceso del pensamiento es la respuesta de la memoria.

¿Qué es, entonces, la memoria? Si usted observa su propia memoria y cómo la acumula, notará que ésta es, o bien factual, técnica, y se relaciona con la información, o es el residuo de una experiencia incompleta. Por lo tanto, jamás nos enfrentamos a lo nuevo como lo nuevo, sino siempre a través de la pantalla de lo viejo. Está claro, pues, que nuestra respuesta a la experiencia se halla condicionada, y resulta siempre limitada.

Todo pensamiento es parcial. El pensamiento es la respuesta de la memoria, y la memoria resulta siempre parcial, porque es el resultado de la experiencia; de modo que el pensamiento constituye la reacción de una mente condicionada por la experiencia. Usted podrá tratar de razonar lógicamente, sensatamente, acerca de estos problemas, pero si observa su propia mente verá que su pensamiento está condicionado por sus circunstancias, por la cultura en que ha nacido, por los alimentos que ingiere, por el clima en que vive, por los diarios que lee, por las presiones e influencias de la cotidianeidad.

De modo que la sabiduría no puede ser reemplazada por el conocimiento, y ninguna cantidad de explicaciones, ni la acumulación de hechos, liberará del sufrimiento al hombre. El conocimiento es necesario, la ciencia tiene su lugar, pero si la mente y el corazón son sofocados por el conocimiento, y si las causas del sufrimiento se justifican mediante explicaciones, la vida se torna vana y carente de sentido.

La información, el conocimiento de los hechos, aunque aumenten constantemente son, por su propia naturaleza, limitados. La sabiduría es infinita, incluye el conocimiento y el modo de actuar; pero nosotros nos agarramos de una rama y pensamos que es el árbol. Mediante el conocimiento de la parte jamás podremos experimentar el júbilo de lo total. El intelecto nunca puede conducirnos a la totalidad, porque es tan sólo un fragmento, una parte.

Hemos creado una separación entre el intelecto y el sentimiento, desarrollando el primero a expensas del segundo. Somos como una mesa de tres patas, con una pata mucho más larga que las otras. Estamos adiestrados para ser intelectuales; nuestra educación cultiva el intelecto para que sea agudo, astuto, adquisitivo, y así juega el papel más importante en nuestra vida. Pero la inteligencia es mucho más grandiosa que el intelecto, porque en ella se integran la razón y el amor.

Sólo puede haber inteligencia cuando hay profunda comprensión del total proceso de uno mismo.

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