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El poeta está de guardia

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La irreverencia de la perspectiva y el lenguaje, narrativa lúdica donde la forma cabalga el contenido y ambos desembocan vertiginosamente en la anécdota, caracteriza a El guardián en la batalla, novela de Armando de Armas ganadora del Premio ‘Reinaldo Arenas’ correspondiente al año 2017 en el exilio (compartido con el también escritor cubano José Hugo Fernández). Libro que desafía las convenciones a través de una imaginación desbordante y donde el humor y la parodia, la poesía y el relajo, acaban siempre sorprendiéndonos, empujándonos a soñar.

El libro recrea un fragmento de la historia de Amadis, protagonista de varios de los libros de Armando de Armas, especie de alter ego del autor cuyo ímpetu creativo, y resolución vital, desatan las trepidantes situaciones. Recién llegado a Miami desde Cuba, Amadis se emplea como custodio en un clínica de la llamada capital del exilio cubano y, mientras trabaja allí, recorriendo durante horas el parqueo y el jardín contiguos a su garita, su cerebro trabaja también a marchas forzadas, sin solución de continuidad:

«El babeante animal se recoge, un acordeón», dice el narrador en el sexto capítulo, Un rey en el parqueo. «El Guardia siente entre sus calzoncillos un acelerado acartonamiento, algo como la transmutación de la miaja real en un amarillento manchón corrugado que le produce un escozor en el glande. Está afiebrado, encandilado entre el pavimento y el sol, y vislumbra allá arriba sobre el expressway un corcel negro, negro como un nubarrón, pegado contra la cerca de acero que sirve de límite entre la cinta de concreto y la verde colina. El potro permanece allá arriba al resplandor y El Guardia tiene la sensación de ser vigilado a través de las costillas calovares, y piensa o dice, ¡Caballo de Troya!, y observa detrás del presunto espía el rebaño de corceles que fluye en un río indiferente, familiar e indiferente, mientras un eco como risa del pájaro loco le aletea en los oídos».

Así que es en el tratamiento del lenguaje y el desenfreno de la imaginación, como he dicho antes, donde seguramente esta novela se lleva el gato al agua, consiguiendo extraordinarias secuencias de literatura auténticamente arrolladora. El guardián sería un guardián más, otro exiliado sobrepasado por una realidad novedosa e incluso hostil si no fuera por la tremenda carga poética de su deambular en círculos. Creo recordar que ya alguien lo dijo, aunque no recuerdo quién: Armando de Armas es un poeta que escribe relatos y novelas. Su uso de la violencia verbal y otros recursos relacionados en ningún momento cede a la acrobacia fácil de lo soez por lo soez, porque siempre está signado por un aliento poético y una gracia conceptual que lo sobrepasan con creces. En este sentido, resulta estimulante leer, en tiempos en que ciertos narradores cubanos insisten en imitar el realismo sucio de un Bukowski o un Carver, una novela diferente como El guardián en la batalla. Aquí la creatividad del autor escupe a la basura, tras sacarles todo el jugo, los gollejitos marchitos de la escatología especulativa.

[team title=»EL GUARDIÁN EN LA BATALLA» subtitle=»Una novela de Armando de Armas» url=»» image=»http://neoclubpress.com/wp-content/uploads/2017/11/guardian-cover-1-001-copy-1.jpg»]Jurado del Premio ‘Reinaldo Arenas’, ganado por este libro: Ángel Santiesteban, Manuel Gayol Mecías y Luis Leonel León. Presentación en el VII Festival Vista de Miami a cargo de José Abreu Felippe y Denis Fortún. Sábado 9 de diciembre de 2017 a las 7:15 p.m. En el Miami Hispanic Cultural Arts Center (111 Sw 5ta Ave).[/team]

Si en La Tabla, novela para escogidos, De Armas alarga infinitamente la trama existencial de Amadis, obligando al lector a una pesquisa ininterrumpida, a ratos tortuosa –desplegado el personaje matriz en Cuba, enfrentando la asfixiante sonsera del totalitarismo–, en El guardián en la batalla, libro de 150 páginas, el autor escoge una estructura más expedita y/o potable para el consumidor promedio. Ello facilita la lectura y nos permite abarcar mejor cada situación, cada exploración, cada operación desatadas por el guardián desde el árbol de las elucubraciones, frente al expressway interminable donde la caballería ansiosa –el tráfico vehicular– arremete en su estampida. Aquí el poeta está de guardia y tiene la bala en el directo: él y solo él es el arquero, el arco y la flecha.