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Fe de vida

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El ciervo escapa de mis sueños
y va al cielo tuyo desde el Cauto al Acarigua.
Nube de insectos,
plaga que te retiene en las tinieblas
y te da forma en el barro.
Permanezco impávido en la callada casa,
tonto que mira el sol
y entra a su espejismo bajo los duros cielos.
Libre de la penumbra,
los cuervos devoran mi corazón.
Pueden graznar en mis oídos todos ellos.
Las aves hacen de mi cuerpo espléndido otoño,
estación de melancólicos parajes.
Yo continúo contemplando los álamos en la memoria.
Cuáles son las grandezas del sitio que habito.
Los hijos, el hogar que respira la lumbre.
La soledad se levanta y en ella escribimos la espera.

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