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‘La casa vacía’ de Lilo Vilaplana

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La primera vez que me asomé a la obra de Lilo Vilaplana fue a través de un corto suyo que me pareció espléndido: La muerte del gato.

Sabía que en Colombia había un director cubano de televisión que tenía mucho éxito, porque sabía contar historias, y conocía su nombre, Lilo Vilaplana, pero la falta de tiempo y costumbre no me habían permitido ver sus series populares, como, por ejemplo, El capo.

Para mí es fantástico cuando un gran artista puede convertir su talento en éxito de público.

¿Por qué lo logra? Tiene que ver con las emociones.

Al cine, al teatro, a la literatura, se va a ejercitar las emociones.

La gran obra trágica es la que nos conmueve y nos hace llorar.

La gran obra cómica es la que nos provoca la risa a carcajadas.

La gran obra erótica es la que nos excita.

Eso ocurre en todos los géneros. Ocurre con las palabras, con las imágenes, con la música.

En el cine se trenzan todos estos elementos. A veces se logra –y no es fácil— que se mezclen en un solo film.

Lilo Vilaplana tiene un talento especial para conectar con el público y transmitir emociones.

Ese es un don nada frecuente que lo ha llevado a realizar grandes series de televisión comercial.

Pero el cine acaso es la más compleja de todas las aventuras creativas. Trabaja con palabras, con imágenes, con música, y sin mucho tiempo para contar la historia.

El buen realizador tiene un instinto especial para todo ello. Lilo lo tiene. Sabe trabajar los diálogos cinematográficos, sabe dirigir a los actores –lo que aprendió en Cuba estudiando dramaturgia–, sabe colocar la cámara de una manera natural, a favor del ojo del espectador, no contra el ojo. Y sabe utilizar la música para subrayar, disminuir o realzar lo que quiere contar.

[alert color=»B50B44″ icon=»Select a Icon»]Presentación en el Teatro Trail del cortometraje ‘La casa vacía’, de Lilo Vilaplana. Miami, 17 de diciembre de 2015.[/alert]

La casa vacía es una historia cubana extraordinariamente bien contada en apenas media hora.

¿Por qué es extraordinaria? Porque en ese breve periodo es capaz de encapsular la angustia de 56 años de dictadura cubana.

Ahí está la sensación de fracaso que produce saber que tu vida no va a cambiar nunca, hagas lo que hagas.

Está el miedo que te provoca presentir que siempre estás bajo la mirada de la contrainteligencia, que te observa, como un dios malvado, omnipresente y omnisapiente, que todo lo ve, que todo lo sabe.

Está esa desagradable sensación de ahogo que produce estar en una Isla sin otra frontera que un mar peligroso.

Todos esos son los elementos de La casa vacía. Por eso decía que en media hora, sin recurrir a una discusión teórica, enseña y explica el horror que genera ese sistema.

Sólo me queda felicitar a los actores. Hacen muy bien su trabajo. Son personajes creíbles muy naturalmente actuados.

Lilo Vilaplana debe estar muy orgulloso de este cortometraje. Hecho con mucho más talento que recursos, ha logrado construir una pequeña y conmovedora obra de arte.

Muchas gracias, Lilo.

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