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La máquina de ruido cubana

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La actual crisis bilateral de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos ha sacado a relucir el modo de operar, no de una, sino de dos máquinas cubanas para generar “ruido”. La que afectó la capacidad auditiva de los diplomáticos estadounidenses es una de ellas y puede ser de manufactura extranjera o incluso que haya sido creada por algún ingenioso “innovador” del Ministerio del Interior. Esas máquinas las opera la dirección de contrainteligencia de esa institución. La otra, es el ruido ensordecedor que introduce en el análisis de lo ocurrido el vasto aparato de medios y agentes de influencia, desinformación y medidas activas de la dirección de inteligencia cubana.

La otra “máquina de ruido”

Esa otra máquina ha demostrado ser altamente eficaz a lo largo de muchas décadas y ha sido desplegada a plenitud desde que se inició la crisis bilateral con Washington.

La misión fundamental de esa maquinaria es sentar las premisas del debate de forma tal que resulte favorable a los intereses del estado cubano. Todo vale. Lanzar declaraciones pautadas de antemano con “expertos” comprometidos con “la causa” y usar las redes de periodistas “amigos” para diseminarlas. Como se diría en la isla, la tarea es “meter ruido en el sistema” de forma tal que se siembre la confusión, todo se ponga en duda y se haga imposible llegar a conclusiones inequívocas sobre lo sucedido.

Así nace el supuesto misterio de los ataques acústicos. “Misteriosos”, “inexplicables”, “enigmáticos” son las palabras que marcan la primera fase de la campaña. Después viene la producción de variadas teorías de laboratorio. Las hipótesis se elaboran según el gusto y prejuicios de los consumidores a los que van destinadas. Pero sin excepción deben alejar la posibilidad de identificar al único responsable de este entuerto: el gobierno cubano.

Mariela Castro inicia la contraofensiva declarando que todo es una perversa ficción y el aparato de propagada lo repite a coro desde ese instante. Pero no funciona. Hay 22 estadounidenses y cinco canadienses enfermos. La CIA no necesita desarrollar esta novela para que Trump considere una ruptura total de los lazos con Cuba. Tiene suficientes argumentos para iniciar acciones contundentes contra los Castro. Le bastaría con desempolvar las investigaciones que fueron mandadas a detener por Barack Obama de los vínculos del gobierno cubano con Corea del Norte, Venezuela y grupos criminales internacionales.

La afectación a la salud de más dos decenas de diplomáticos estadounidenses y canadienses ocurrió en Cuba por un periodo prolongado y el gobierno anfitrión es responsable hasta el día de hoy de no haberlas detenido, ni garantizado que no vuelvan a ocurrir. Eso es un hecho, no una teoría.

Las medidas tomadas por el Departamento de Estado eran las mínimas posibles y, en realidad, todavía no constituyen sanciones. El retorno de la mayoría de sus diplomáticos busca garantizar su seguridad hasta que el gobierno de Cuba asuma su responsabilidad en ese campo. La salida de los diplomáticos cubanos de Washington es una medida de reciprocidad pactada por el acuerdo que establece la simetría en el número de funcionarios que cada parte puede tener de forma fija en la otra.

Ahora la máquina de ruido cubana intenta echar la culpa a Estados Unidos por la paralización de los tramites de visados de no inmigrantes en La Habana. No la tiene. La causa de esta situación la aportó la irresponsable e inepta actuación cubana ante el problema. Pero el Departamento de Estado sí tiene el deber de no alimentar con respuestas burocráticas la máquina de ruido cubana que propaga esa mentira.

Posición y propuesta de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba (FHRC)

La Fundación para los Derechos Humanos en Cuba, al tiempo que apoya la posición de Estados Unidos en esta crisis, considera inapropiada la orientación del Departamento de Estado de que los cubanos viajen a Bogotá para ser procesados allí. Los cubanos necesitan hacer los trámites desde la isla. No tienen recursos para otra cosa. Su salario promedio es de $29.6 dólares al mes. Como además es sabido la realización de la entrevista no es garantía del otorgamiento de la visa.

Hemos instado a esa agencia –y lo reiteramos en este editorial– a que las autoridades correspondientes de Estados Unidos opten por una de estas posibles soluciones: o se devuelve el dinero, o las entrevistas son realizadas por Skype desde una embajada amiga, o las realizan, de forma gradual, en el territorio de la Base Naval de Guantánamo. No es solo un asunto de justicia, sino un desafío político. Lo que está aquí en juego es si se alimenta o no a la máquina de ruido castrista. Estados Unidos debe hacer un esfuerzo para que los cubanos vean claramente que Washington no desea convertirlos en un daño colateral de este conflicto.

Fundación para los Derechos Humanos en Cuba (FHRC)

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