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Más allá de la nostalgia

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Presentación del poemario en la tertulia La Otra Esquina de las Palabras. 11 de mayo de 2019

A pesar de vivir geográficamente cerca —Odalys Interián en Hialeah y yo en la Pequeña Habana— supe de su existencia a través de Italia, como jurado del Premio de Poesía en Lengua Castellana “Francisco de Aldana”, convocado por el Círculo Literario Napolitano, que en su tercera edición otorgó el galardón a su poemario Nos va a nombrar ahora la nostalgia. Fue un concurso muy reñido por la calidad de la obra de los participantes.

Tenía ante mí un testimonio del desarraigo, con alguna que otra mención directa como el poema “La palabra isla”, o esta estrofa explícita: Isla pródiga intocable /una larga cicatriz sobre el ayer /diseñándonos la ruta /y las memorias. Pero sobre todo un cierto hálito de derrumbe interior, como este verso exento de recurso retórico: Todo me fue robado, me hizo sospechar que se trataba de una poeta cubana, pero la sorpresa fue saber, al abrir la plica, que la autora incluso compartía el mismo territorio en el que yo vivía. Y hoy me toca presentar ese poemario que tanto conozco, pero también Poesía para el único día nuestro, Premio “Dulce María Loynaz” 2018 en la categoría de Exilio, así que prefiero hablar de la poética de Odalys Interián en general.

El común denominador de ambas obras es ese sentimiento omnipresente y desgarrador que llamamos “nostalgia”, proveniente del latín a través del griego nóstos (regreso) y algia (dolor), y que el Diccionario de la Real Academia define con estas dos acepciones:

1. f. Pena de verse ausente de la patria o de los deudos o amigos.

2. f. Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.

Sin embargo, estas no son definiciones absolutas para nosotros porque en la actualidad se puede visitar el país natal, y por otro lado, cuando emigramos, lo hicimos porque nos resultaba insoportable vivir en nuestra patria. Creo que estas definiciones son más propias del sentimiento de “destierro”, aunque indirecto, es decir, el régimen no nos desterró directamente sino que provocó que nos desterráramos por elección propia para poder sobrevivir, y por ética. Tratamos de recordar los aspectos felices de nuestro pasado pero no queremos olvidar lo horrible que nos llevó a tomar la decisión de emigrar. Como dice la poeta: Y no me callaré /si existe una metralla sobre los hijos /
si se desangra el sol en la tierra de todos.

En nuestro caso, qué significa el sentimiento de nostalgia. Entonces recuerdo a la filósofa española María Zambrano, que se exilió al terminar la Guerra Civil Española y lo expresa en esta escueta frase: “ese estilo de vida que nos han quitado.”

En realidad no perdimos un paraíso idílico sino nuestras referencias biográficas, nuestra zona de confort interior, emocional. Y entonces, partiendo de cero, por el instinto de sobrevivencia, intentamos escribir una nueva historia de nuestra vida. Sin embargo, a pesar de los buenos propósitos, nos dice la poeta: Aquí también se muere sin morirse.

Pero ese duplicado vivencial puede convertirse en una lucha entre Eros y Tánatos: Habrá que morirse /en un tramo tranquilo lejos de la sal /Inventarse el olvido y otra memoria. Creo que la nostalgia es una muerte crónica, como ella lo expresa en este verso: Contemplé mi hundimiento. No es que se viva en el pasado, es que se vive fuera del tiempo, en el continuo paréntesis de la insatisfacción, en la huida de sí mismo, o en palabras de Odalys: Seguir huyendo hacia ningún final. Para ella: Ahora el futuro es una pregunta /una brizna de polen sobre el abismo.

Cuando se estaba en Cuba se tenía la sensación de estar rodeados por fronteras de agua, pero cuando se está fuera podemos convertirnos nosotros mismos en una isla, es decir, en un fragmento de vida flotando a la deriva de la historia. En esta poeta la patria lejana no es idealización sino impotencia: Dime señor / qué palabra le daremos al odio /con qué palabra se canta la nostalgia.

Sin embargo, sería muy parcial e injusto limitar la poética de Odalys Interián a una retórica de la nostalgia, porque su esencia es más abarcadora. Su obra va más allá de ese sentimiento de pérdida raigal, cultural, que  también puede ser un subterfugio, la parálisis mórbida del tiempo detenido. En esta poeta la noción de nostalgia es trascendida porque está enmarcada dentro de los predios de Tánatos, el dios de la mitología griega que personifica la muerte no violenta, y que yo prefiero ampliar al estado de la muerte en vida, lo cual supera la inmediatez de la añoranza edulcorada por la melancolía. La esencia de la poesía de Interián expresa, asimismo, la búsqueda angustiosa de una respuesta a una pregunta que no formula explícitamente en sus versos, pero que está latente en toda su obra: el sentido primero y último de la existencia a partir del vacío que ha dejado ese paraíso perdido que todos los seres humanos compartimos en nuestro inconsciente colectivo y que no se limita a un país, a la infancia o la familia, sino a una pérdida primigenia que es la esencia del sentimiento trágico de la vida.

Su poesía no solo se estructura con metáforas que maneja con destreza, sino también con la fuerza de las referencias inmediatas, como en estos versos: el aroma erguido del café /aplastando la tarde, que inevitablemente nos recuerdan En la Calzada de Jesús del Monte, de Eliseo Diego, pero en conjunción con la dolorosa pasión de César Vallejo, a quien dedica un poema.

Creo que Hernán Cortés, cuando arribó a las costas de México para iniciar su conquista, hizo bien en quemar las naves para que no hubiera la posibilidad de un regreso. Porque o se queman las naves o corremos el riesgo de convertirnos en estatuas de sal como la mujer de Lot por mirar hacia atrás.

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Lilliam Moro
(La Habana, 1946). Estudió en el Instituto Pedagógico Makarenko y en la Facultad de Letras y Arte, Universidad de La Habana. En 1965 obtuvo el Primer Premio de Poesía con ‘El extranjero’ en un concurso entre las universidades de la Isla. Perteneció al grupo de escritores de Ediciones El Puente. Ha publicado los poemarios ‘La cara de la guerra’ (Madrid, 1972), ‘Poemas del 42’ (Madrid, 1989), ‘Cuaderno de La Habana’ (Madrid, 2005), ‘Obra poética casi completa’ (Miami, 2013), ‘Contracorriente’, ganador del Premio Internacional de Poesía “Pilar Fernández Labrador” (Salamanca, 2017), ‘El silencio y la furia’ (Miami, 2017), ‘Tabla de salvación’ (Madrid, 2018) y ‘Viaje hacia el horror’ (Madrid, 2018). ‘En la boca del lobo’ obtuvo el Premio de Novela “Villanueva del Pardillo” (Madrid, 2004), y fue tema de estudio durante dos cursos en la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla. Su obra ha sido publicada en numerosas antologías y revistas.

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