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Narrativa en la posmodernidad

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Por ‘Narrativa en la Posmodernidad’ se conoce el debate que tuvo lugar en la Tertulia de Creadores, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, el 13 de marzo de 1984. O sea, hace ya la carajera de 30 años, en los que han llovido los más diversos batracios y ofidios de la onda post y post-post. Al punto de que lo posmoderno de repente se nos ha vuelto pre-antiguo, sin apenas darnos cuenta, en el transcurso de tres décadas de altibajos y fuegos de artificio en la producción literaria en lengua española.

En el evento de marras —que se considera el pistoletazo de salida de la llamada literatura posmoderna en español, al menos en el plano consciente y tal como la entendían o concebían los gurús de la divertida Movida Madrileña— participaron, en plan teórico, escritores como Gregorio Morales, Vicente Molina Foix y Luis Antonio de Villena, entre otros. Fue Gregorio Morales, precisamente, quien sintetizó de manera esquemática los objetivos y presupuestos de la ‘Narrativa en la Posmodernidad’:

“Superación de la narrativa decimonónica y de la vanguardista. Asunción completa del presente, precisamente para definirlo, negarlo y saltar por encima de él. Construcción de nuevas realidades que muestren horizontes desconocidos. Ser la reina de las artes, la avanzadilla de la renovación, la definidora de las modas. Erigirse en el juego lingüístico del entorno, definidor y organizador de los otros juegos. Y pese a todo, no buscar ninguna trascendencia, aunque sí el humor, la ironía, el desgarramiento o la belleza. Ser, en definitiva, tan variada y original como el universo y tan humilde como una intocable”.

Nihil novum sub sole. O sea, nada del otro mundo o para tirar cohetes, visto con la cómoda perspectiva de 30 años. Si nos fijamos bien en la receta de don Gregorio, contenida en el párrafo anterior, eso mismo—y mucho más, desde luego— fue lo que Guillermo Cabrera Infante logró con creces en sus ‘Tres triste tigres’, tal vez de manera intuitiva, pero unos 20 años antes de la alharaca de la Movida. ¿Fue GCI apenas un precursor de la narrativa posmoderna en español? Para mí que, más que precursor, es uno de sus grandes iniciadores plenos, y no solo en lengua española, pero eso es un debate para otra ocasión.

¿Ha pasado ya el cuarto de hora de la posmodernidad, al menos en el plano teórico-conceptual? Todo pasa y todo queda, ya lo dijo el poeta. Separada la paja del trigo, la cosecha realmente no se ha malogrado del todo. Pero hay que pasar la página. Es una era que se ha cerrado. Ya estamos en la post-posmodernidad. ¡Cógeme ese toro pinto, querido editor!

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