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Ocho apellidos vascos

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La película Ocho apellidos vascos ha recaudado 60 millones de euros en España. Según la prensa especializada, es de las más taquilleras en la historia de ese país. Casi dos meses después de su estreno –en marzo de este año–, continuaba en lo más alto del «ranking» de la taquilla estatal y se ha convertido en la película con mayor permanencia en el número uno. Ahora se presenta en la 62 edición del Festival de Cine de San Sebastián.

Según informó la distribuidora Universal a la prensa, la comedia de Emilio Martínez Lázaro contó con más de 63 días en el número uno del ranking de taquilla, más de lo que aguantaron en su día Avatar y Titanic.

Uno se pregunta qué tiene esta película para causar tanto revuelo entre los españoles, si es una comedia ligera, con un pobre argumento y un recurso muy visto a estas alturas: una boda en apuros. Habría que comenzar por reconocer las magníficas actuaciones, tanto de los protagonistas Dani Rovira y Clara Lagos (ella solo tiene 24 años), como de los secundarios Karra Elejarde y Carmen Machi. O sea, un trabajo de casting efectivo.

Luego está el sempiterno tema de las culturas locales o regionales españolas, siento éste un país de países no solo políticamente hablando, sino también en gastronomía y culturas tan diferentes. Si bien la película Aibarg (1997), del vasco Juanma Bajo Ulloa, le daba caña a los gallegos, ahora esta cinta se enfoca en los andaluces y en los vascos. Estos últimos no quedan muy bien parados. Los andaluces tampoco, pero están acostumbrados a reírse de ellos mismos.

Los estereotipos de ambas regiones son como la noche y el día: los vascos, celosos de su cultura, en la película, para conceder la mano de una joven, piden certificar cuatro apellidos vascos en la línea familiar.

Todo está medianamente simpático –recalcamos la importancia de las actuaciones– hasta que llega lo inevitable en los audiovisuales españoles: son dados a frivolizar crudas realidades. Esto se ha hecho una norma al parecer aceptada por la mayoría (véanse los programas de humor que cuelan temas políticos); lo que sucede aquí es que ETA subyace todo el tiempo, y da repelús, dirían los ibéricos.

Me pregunto si no tocar el tema nacionalista en la comedia de marras hubiera sido efectivo. Por supuesto que no. Parecería raro ambientar las conocidas tabernas de Euskadi sin consignas nacionalistas.

Pero de esto a colocar el personaje central, un andaluz, al centro de una manifestación en las calles del País Vasco, todo en clave de humor, va un trecho grande.

Muy atrevida película. A mí me pareció frívola, pero de esta frivolidad vive un poco la sociedad española. Así que se entiende el éxito de taquilla.

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