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Para desalmar un cadáver

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Si no estás dispuesto a perdonar
y todo lo que das es sombras
cómo pudieras ser el amado
cómo irías hasta el divino altar
que hicieron para ti
después que una crucifixión
es más el amor que su milagro.

Y si no has visto soñar
ni una estrella caída
ante el asombro se pudre
debes entender
que no todas las luces de arriba
son del firmamento
y la mano que tiembla
obligada a firmar
puede ser llevada como el coro
que levanta su aire húmedo
a mitad de un corazón
al que todavía no lo dejan mirar
como los cristales en un retrovisor
donde hemos visto el lodo seco
de los padres que permanecen
dentro de sus estatuas
y mienten al decir que es su verdad
y que no fueron engañados
así como la res se espanta
con el cuerpo de otra res
abierta en el matadero.

Hay mucha cita en los lugares
por donde la muerte expone su carroza
ciudades que ya fueron
«tragadas por el polvo»
de una unción de desidia
y ahora resucitan,
aunque aún no cuestionan
si pasarán también a la felicidad
o a la muerte.
«Solo Cristo es Rey»
y todos los que pasan al infierno
no significa que el azar los elige
porque todos han sido obligados
a la tristeza del vino
que la semana pasada
seguía su curso amargo
como Angustia y Desamparo.

No por lástima,
ama con devoción a tus hermanos,
ellos están en la ruta del luto
pero hace años llevan el muerto
como un escalofrío, entumecido,
notas de un himno a quemarropa
que los invita a correr
antes que a liberarse.

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