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Roberto y Rafael Pizano, compinches en el honor y la virtud

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El rebote de la bala que lo hirió en la cabeza aquel 17 de febrero de 1961 en los llanos del norte de Las Villas, trajo para Roberto Pizano Castillo una sarta de infortunios que no se detuvieron hasta 1979, cuando el presidente estadounidense Jimmy Carter consiguió la liberación de más de 3 mil presos cubanos.

Cuba borboritaba entonces de guerrilleros anticastristas. Unos aguardaban la llegada de la Brigada de Asalto 2506 para asestar un golpe definitivo al embrión de dictadura que crecía en la isla; otros que, a las malas, después del encarcelamiento del Comandante Huber Matos, descubrieron que las vías conciliadoras no eran recomendables con el naciente tirano, optaron por la insurrección armada como único modo. Finalmente fueron masacrados por oleadas de experimentados soldados del ejército y un mar de bisoños milicianos entrenados a las volandas.

Eran tiempos en que el mundo solo escuchaba los engañosos trenos de un ogro travestido de Robín Hood que sentaba las bases de la más larga y cruel dictadura del continente americano y desoía las quejas de quienes despertaban de la fascinación de una revolución traicionada.

Hoy, Roberto Pizano, hecho un fornido mozalbete de 80 años, me presenta orgulloso a su hijo Rafael, nacido en Michigan en 1980 –veterano del Ejército estadounidense, bombero, paramédico y activo luchador anticastrista- y rememora sus aciagos días de rebelión y prisiones, a la vez que confirma su esperanza de ver a Cuba libre.

-Por poco no tengo a Rafael ni a mis dos hijas -me dice con cierta picardía.

Se había alzado en la Sierra Mamburano un año antes de que el disparo que hendiera su cabeza lo dejara a merced de unos captores brutales que, a culatazos limpios, le inflaron los testículos. Está vivo de milagro,  y de milagro fue padre.

Recuerda que aún mareado por el plomazo y la hemorragia fue trasladado a una cárcel del G-2 donde le dijeron que estaba condenado a muerte. Luego la pena capital le fue conmutada a treinta años de cárcel y comenzó su peregrinaje por las sórdidas prisiones de Castro, donde vio sufrir y morir a muchos compañeros: Topes de Collantes, Isla de Pinos, La Cabaña, 5 y Medio, en Pinar del Río, Guanajay, Combinado del Este, hasta purgar 18 años de hambres y torturas que, muchos años después, denunciara varias veces en Ginebra como presidente de la Federación Mundial de Exprisioneros Políticos.

Rafael

-La imagen de mi padre me ha cautivado siempre. Desde niño lo he visto sufrir y luchar por Cuba. La libertad de su patria ha sido su sueño y sus desvelos. Yo he crecido con esa herencia a cuestas, y, gracias a ella, soy el hombre que soy. No me concibo sin una Cuba libre, me dice Rafael y mira a sus padre con cierto aire de veneración.

Roberto

-Desde niño anduvo conmigo, en reuniones, en concentraciones y hasta en campamentos de entrenamiento. Ha sido un buen soldado de su patria de nacimiento. Pero la sangre cubana lo hace también un buen soldado de la patria de sus raíces -afirma el padre orondo.

Rafael

-Mi padre ha sido mi guía, mi ejemplo. Cuando yo andaba destacado, por el ejército norteamericano, en Hungría, Alemania o Italia, siempre pensaba que un día lo estaría en Cuba para honrar a mi padre y apoyar a la liberación definitiva de su patria, mía también por sangre de sus venas.

Roberto

-Siento una especie de realización personal inexplicable cuando miro a mi lado y veo a Rafael junto a mí en esta lucha que empecé cuando él era apenas una ilusión de mi futuro. El hecho de que, después de servir a su patria de nacimiento, se incorpore a la lucha por su patria de origen, me llena de satisfacción.

Roberto y Rafael Pizano, más que padre e hijo, son compinches en el honor y la virtud, hermanos de ideales y de sueños, en ellos viaja Cuba por el torrente de sus venas. Juntos han luchado y sufrido. Merecen la victoria y piensan que la alcanzarán. Ahora mismo se han enrolado en el plan “Todos por Cuba libre” combinando la experiencia del padre y la fogosidad del hijo, la sabiduría del veterano y el ímpetu del joven.

Roberto

-Siempre he buscado en el exilio un movimiento que trabaje con eficacia por la libertad de Cuba y creo haberlo encontrado en el plan “Todos por Cuba libre”. Los líderes de la Asamblea de la Resistencia han conseguido diseñar un plan coherente y unificador. Tengo grandes esperanzas de que, en este estado de crisis en que se halla actualmente la cúpula del régimen castrista, el plan resulte efectivo.

Rafael

-El plan “Todos por Cuba libre” es como una brújula que nos irá indicando en cada momento el rumbo que debemos seguir para conseguir nuestro propósito de liberar definitivamente a Cuba y expulsar de una buena vez a los Castro del poder. Ha sido concebido para que todos, cada cubano, se incorpore y aporte. La coyuntura política actual nos brinda oportunidades que no debemos desaprovechar, y para ello estamos trabajando con entusiasmo y firmeza.