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Sepultura de la prensa

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El incidente entre Donald Trump y el corresponsal de la cadena CNN Jim Acosta, se presenta en los medios de comunicación como una amenaza a la libertad de prensa ante la decisión original de revocarle al periodista su pase a la Casa Blanca. Para entender lo sucedido hay que analizar los hechos.

Jim Acosta no le hace una pregunta a Trump sino que expresa su desacuerdo con referencia a la calificación de invasión dada por el presidente a la caravana que se dirige hacia los EEUU con la intención de ingresar al país.

Es evidente la inconformidad del presidente ante la intervención de Acosta y, en lugar de expresar honestamente su punto de vista, reacciona iracundo. Es ahí donde se traspasan los límites de las normas establecidas de conducta para todo corresponsal autorizado a reportar directamente desde la sede presidencial.

Haber expuesto el presidente la definición del vocablo ”invasión” hubiera sido suficiente para demostrar el absurdo de la posición de Acosta. Evidentemente el periodista también desconocía el significado de la palabra, de lo contrario no se hubiera expresado con tanto desatino.

Definición de invasión según la Real Academia de la Lengua Española:

  1. tr. Irrumpir, entrar por la fuerza.
  2. tr. Ocupar anormal o irregularmente un lugar. Las aguas invadieron la autopista.
  3. tr. Dicho de una cosa: Entrar y propagarse en un lugar o medio determinados.
  4. tr. Entrar injustificadamente en funciones ajenas.
  5. tr. Dicho de un sentimiento, de un estado de ánimo, etc.: Apoderarse de alguien.
  6. tr. Biol. y Med. Dicho de los agentes patógenos: Penetrar y multiplicarse en un órgano u organismo.

Por otra parte la cadena FOX se solidariza con su competencia CNN y respalda la demanda presentada al presidente. Es siempre plausible el apoyo a un colega que ha sido tratado injustamente, solo que esta vez FOX opta por tomar partido a favor del absurdo. Las reglas establecidas para todos los reporteros en la Casa Blanca fueron traspasadas independientemente del juicio de los ciudadanos o de su pena. Más pena da el entierro que se le hace a la libertad de prensa, que ya sabíamos muerta en la evidente censura y autocensura de todos los medios de comunicación con alcance nacional. Ya no se ocultan las consecuencias de ejercer el periodismo con integridad.

¿Dónde está la solidaridad y el honor del gremio, del llamado cuarto poder? ¿Dónde los reportajes serios en la denuncia del crimen y la corrupción por parte de quienes se supone deben perseguir o enjuiciar dichas prácticas? ¿Cuándo se asumió el silencio como método para informar? ¿Dónde está la capacidad de plantarse para exigir justicia?

Los acontecimientos en torno al reciente asesinato del periodista Jamal Khashoggi, torturado salvajemente en el consulado saudí en Turquía, constituyen la prueba más clara de que se ha instaurado en EEUU la ignorada Tiranía sin Lágrimas, la más peligrosa y brutal en su dominio ejecutivo de la historia humana. Puede definirse la Tiranía sin Lágrimas como una convicción generalizada de que somos libres sin serlo, la voluntad del servilismo, el culto a la personalidad, la apatía ante lo imperdonable.

Hoy adopta el pueblo, cobardemente, el beneficio unipersonal a costa de un compromiso de negación honorable. Hoy es negocio la inestabilidad, la división. La ignorancia se impone tras elegir la eternidad de la inconsciencia.

Una huelga general es tal vez el único acto posible de cara a lograr la resurrección de la prensa… y sabemos que no sucederá. Mientras, sigue cuesta abajo la procesión, cargando en hombros los restos de Jamal Khashoggi al tiempo que se aprovecha su panteón para sepultar, como en una fosa común, al periodismo.

Agiten las manos en señal de despedida obediente. O háganlo para mostrar lo que se oculta. Cuánta falta nos hace Wikileaks para propagar la verdad, pero todo parece indicar que su destino ya estaba escrito junto al de Jamal y el periodismo.

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