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¿Si fueras un billete de 100 Bs, a dónde irías?

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En la isla del Dr. Madureau, el papel sobre el cual se imprime la moneda vale mucho más que la moneda misma. Ya se conocen las consecuencias de situaciones similares. Cuando las monedas de metal valen más que el metal, el metal simplemente desaparece, es fundido y vendido al precio del mercado para su utilización en productos metalúrgicos.

Los billetes realmente no son impresos sobre papel, sino sobre una materia que contiene fibras de lino y de otros elementos que son secretos, precisamente para impedir que cualquier ciudadano produzca “papel” para imprimir billetes. Sin embargo no tendría sentido devolver el “papel” a su estado de pulpa para usarlo en la confección de camisas de lino, aunque el lino sea muy caro, porque el proceso en sí resulta muy complicado y el producto final demasiado caro en una isla donde no existe el poder adquisitivo.

Por lo tanto, cuando el Dr. Madureau ordena recoger los billetes de mayor denominación, que son también los más numerosos en la isla, no es para fabricar camisas de lino, sino para darles un destino más acorde con su naturaleza, una nueva identidad y un nuevo color, usando las mismas impresoras que usa el Banco Central para imprimir los multitudinarios billetes de la isla.

Después de todo, el mismo Dr. Madureau ha dicho que temía que los billetes de 100 fueran usados por personas inescrupulosas, sin especificar cuáles, para imprimir falsa moneda, una advertencia premonitoria destinada a acusar a otros de lo que su gobierno hace o pretende hacer.

Para que la operación sea exitosa y pase desapercibida, auun ante la mirada del mundo entero, el gobierno del Dr. Madureau no puede comprar “papel” del nuevo porque se podría establecer en qué fue utilizado. La solución más lógica y más sencilla consiste entonces en recoger de una vez todos los billetes en circulación, forzando a la población a entregarlos a cambio de nada, porque tampoco se dispone de monedas de metal para reemplazarlos. Una vez recogidos, serán lavados repetidamente para eliminar todo vestigio de tinta. Eventualmente se le aplicarán las medidas de seguridad, o imitaciones de estas, para que una vez impresos y transformados en Dólares del execrado Imperio, pocos duden de su autenticidad, sobre todo por el tacto tan familiar que tiene un billete hecho con el “papel” verdadero.

Y de esa manera, el Dr. Madureau le pondrá una piedra en el zapato al Imperio y exportará grandes cantidades de dinero inorgánico, transformado en Dólares, con el fin de abultar sus cuentas bancarias, y la de sus socios, a menos que el Servicio Secreto de los Estados Unidos le ponga el cascabel al gato y le regale al Dr. Madureau y a su combo unas esposas, no las de un harén, sino de la variedad más silvestre, que es metálica y viene con cerradura.

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