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Sonámbulo

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Si fuera el enemigo
al que le quebré su corazón
cuando lo resucitaba
de su propia violencia.

Si pudiera mirar en los ojos
de quien conoce mis secretos
y todavía no sabe si me adora
o me encristala
como a sus tres elefantes de cara
frente a las puertas de entrada
donde se empinan todos los horizontes.

Si fueran aquellas noticias
de viajes lejanos que añoramos en la juventud
al adentrar los pies en remotas
paranoias del sueño con raras geografías.

Aquí hay lugar para todos
hay fuentes de agua
pérgolas y zafiros
y jaulas donde retozar con los leones
y escondites para estarse cada vez más cerca,
tocándonos en el Príamo
de estos lienzos con sus improvisados
bordes de oro que también fueron
aquellas lentejuelas
del sonámbulo, ebrio,
que caminaba en su oscura
enunciación sin partida,
deslizándose
en el medio de trenes bajo tierra
deslizándose
en metálica cascada
sobre los rascacielos neoyorquinos
como un fantasma
sobre aquel pueblo de paja
como la púrpura de todos los pesares.

Si solo fuera un enemigo:
“pero ustedes dioses que habitan por doquier,
¿es verdad esta vida que tengo?”.
Me quedo en el umbral de mi cabeza
de matavacas
con la vena gruesa mostrando
la sangre que llevo
de la luz al matadero.

A cada rato quiebro un corazón
y pago el precio de ser siempre
un desconocido.