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Trespatinismo a la carta

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Escuché que en cierto país del norte de Europa (Dinamarca, creo) se tramita la aprobación de una ley según la cual los hombres tendrían que orinar sentados. Supongo que la propuesta proviene de alguna de esas sectas ultra-feministas que hoy pescan en río revuelto.

Casi al mismo tiempo, he visto a un pastor evangelista de Misisipi entrando a la misa suspendido de un cable muy fino, como Jesús que bajara del cielo en un paracaídas invisible.

Un historiador catalán (de Sabadell, provincia de Barcelona) sostiene que todos los grandes autores de la literatura española desde Quevedo a Machado, son “seudocultura franquista”.

En Brasil, un político ha pretendido ser candidato presidencial desde la cárcel donde se encuentra preso por corrupción. En España, el PSOE, partido gobernante (de paso) se trae entre manos hacer reformas constitucionales sin contar con el voto de la mayoría de los españoles. Dirán que, total, para lo que vale ya el voto. En la culta Europa el populismo neofascista hace ola, gracias precisamente a la desidia popular. Y en los Estados Unidos, la mayor democracia del mundo, que se hizo grande justo a través de su establishment, se intenta ahora destruir ese establishment, en lugar de mejorarlo y renovarlo; y no sólo, se asegura además que la pulverización del establishment es necesaria para que el país vuelva a ser grande, sin que nadie precise cuándo dejó de serlo –pues no ha ocurrido-, pero sin que esto disminuya el demagógico atractivo del eslogan.

Siempre pareció un chiste que el emperador romano Calígula intentase nombrar Cónsul su caballo. Pero ahora Venezuela es presidida por un burro (con perdón de los defensores de animales) sin que resulte ni siquiera gracioso, ya que se trata de un burro criminal, lo cual no impide que se pasee por el mundo democrático como Pedro en su casa.

Tampoco es gracioso que en Nicaragua gobierne un matrimonio formado por una hiena y un majá, el cual, para más inri, cuenta con el apoyo del presidente de Rusia, un coronel de la KGV soviética con ínfulas de zar, pero elegido en las urnas. Y ni hablar de Cuba, porque ya me aburre. La última es que están castigando con la expatriación a los médicos que se niegan a seguir siendo siervos del castro-esclavismo. Mientras, desde México, un nuevo presidente, elegido en las urnas, les ayuda a sofocar la rebelión de los esclavos.

Centroamérica es recorrida por una pavorosa caravana de miles de personas que se plantean machacar las bases (y las leyes) que regulan los métodos digamos civilizados de emigrar. En tanto, no son pocos los gobiernos y organizaciones internacionales que aplauden ese intento de entrar y establecerse a la brava en un país que no los quiere ni autoriza su entrada, y que en modo alguno se puede dar el lujo de admitir ese tipo de mecanismo agresivo y violatorio de las normas de convivencia, por el mal precedente que contrae.

El mundo está patas arriba. No es la primera vez, pero lo que sí me parece nuevo y aun insólito es esta especie de Trespatinismo que hoy se da silvestre en nuestras sociedades dicen que civilizadas. Al contrario de Cantinflas, que era un pícaro con alma, Trespatines es un malhechor, un violador de las normas de conducta, que utiliza su vis graciosa para evadir la justicia. Desde esa óptica, y dadas las circunstancias, ahora mismo podría ser visto como un prócer criollo, precursor del Trespatinismo, es decir, la estafa, la impostura aplaudidas por las multitudes sólo porque el infractor les resulta simpático.

Claro que esas simplistas empatías no sólo se observan en la política. Son en suma idiosincráticas, así que abundan por igual en la cultura, la economía, las religiones, las relaciones de género, etc… Sólo que en la política resultan más visibles. Muchos partidos, pero apenas se diferencian en la forma de asumir el Trespatinismo, o sea, en el cómico estilo de metaforizar sus propias culpas para cargárselas al contrincante de ocasión.

Es para destriparse de la risa, si el asunto no fuera tan serio. Nunca pensé que me vería elevando votos por la defensa de la política. Y aún menos por la de estos tiempos, que es ese vertedero adonde van a parar todos los egoísmos, las actitudes extremas, los mezquinos intereses y las bajas pasiones. No me parece que en este aspecto se diferencie mucho de tantas otras actividades que realizamos los humanos. La diferencia estriba quizás en el hecho de que la política ha logrado colarse en todas las otras actividades, al tiempo que la política misma está cayendo en manos de los líderes de esas actividades: empresarios, religiosos, figuras del espectáculo público… los que, según mi entender, lo hacen aún peor que los políticos. De modo que tal vez convenga devolver la política a los políticos, aunque antes habría que curarles de la adicción trespatinista.

En uno de esos chistes descacharrantes que solía gastarse José Candelario Tres Patines, dijo que en la Novena, de Beethoven, éste no bateaba porque era el pítcher. Es lo que les sucede hoy a los políticos: no batean, ni capturan las pelotas, aunque el invento es suyo, pues ya lo importante para ellos no es ser buenos jugadores, sino dueños de los bates y los guantes.

Miami, diciembre 3 de 2018

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